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Ya ha pasado tiempo desde que Tele5 decidió acabar de manera precipitada con OT. Bueno, en realidad terminaron con el programa de manera tardía en mi opinión. Pero lo primero que debo decir es que quien acabó con el programa no fue Telecinco: fue una forma de comunicación que ya no funciona.

OT 2011

 

Empiezo por el principio. El programa fue un desastre, la verdad (y esto, en sí mismo, ya invita a su autodestrucción…): desde la Directora de la Academia, con su horrible primera actuación, hasta el jurado “Risto-wannabe”, que no supo ser malo, ni constructivo, ni divertido, ni, por supuesto, justo. Mención especial para la soberbia injustificada de Eva Morales, que no sé muy bien qué se cree con esa sonrisa altiva, tonta, permanente. Mal, muy mal la presentadora, sin más comentario ni más saña. Mal el vestuario. Pobre la elección de temas. Cambios de día de programación sin sentido. Polémicas internas sin interés. Concursantes, horribles algunos, originales otros (por nombrar lo positivo, me quedo con el singular Jefferson, el gordo Ramil o Alexandra. Por lo menos, tienen algo apreciable: ¡que me acuerdo de ellos!), correctos algunos más, estrellas… ninguno… como se ha demostrado. Lamentable el ganador. Ah, y otra cosa que me producía muchísima vergüenza ajena, muchísima: el tipo que hablaba de las redes sociales (precisamente de esta tema quiero hablar).

Podría seguir ahondando en los despropósitos del programa, pero creo que sería hablar de algo que no suponen las razones finales del fracaso del programa. Creo que con Bisbal, Bustamante, Chenoa o Carlos Lozano como presentador, habría fracasado también.

El tema es que es un formato que ya no sirve. Las estrellas hoy rara vez emergen de un programa de televisión. Hace muchos años que existe el formato de programa de tv/programa de radio/concurso para sacar talentos. Ya no funciona, me temo. Ahora la gente elige entre muchos, elige lo que le gusta, sin más historias ni intermediarios. Y esto es gracias a las redes sociales y los “youtubes”. Ahora los artistas o aspirantes a ello suben su actuación y… que la gente diga.

Que se lo digan a Pablo Alborán, o a Vetusta Morla… Su “promo” fueron las redes sociales. Ellos dieron un paso: su producto era bueno y el público les puso arriba. Me gusta, te lo cuento, tú lo cuentas, todos lo compartimos, y ya tenemos a alguien “puramente” elegido. Sin castings, concursos, valoraciones estúpidas, votaciones sesgadas…

¿Qué papel puede jugar en este contexto OT? Sí, vota la gente, pero vota sobre 12 concursantes que “yo” no elegí, sobre canciones que “yo” no elegí, (sobre canciones además no originales), sobre actuaciones y nominados que “yo” no elegí… demasiadas cosas que yo, como consumidor, no puedo elegir. Y hoy en las redes lo elijo todo, lo comparto todo…

Hace apenas unos años, el hecho de votar y participar ya era en sí mismo un éxito de interacción -de hecho, para aquel público no usuario de internet lo sigue siendo-, estábamos satisfechos con ese papel, era suficiente. Hoy no. Es muy poca la palabra que tenemos, la capacidad de elección que tenemos. No vale.

La gente elige. Acertada o desacertadamente. Ni idea. No lo sé, ni me importa. No me gustan ni Pablo Alborán ni Vetusta Morla. Da igual. Lo importante es que la gente ve esos productos y, si les gusta, lo comparte y esa fuerza se hace imparable, sólida y auténtica.

Hoy, el más afortunado de los chicos de OT acaba en “Qué tiempo tan feliz” con María Teresa Campos versionando cualquier cosa y bailando con Chayo Mohedano… (sí, sí, es triste… pero alguna vez lo he visto durante un cuarto de hora… muy triste). Con eso lo digo todo. Ese es el verdadero fracaso de una forma de comunicarse que ya no sirve.

Otro día sigo hablando de música, promoción y redes. Da para mucho.

Pablo Rueda. Director de belou, Marketing y Comunicación. Imparte los Cursos belouCamp.                                                                                                              http://about.me/prueda

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